GUILLERMO DE OSMA: "EL COLECCIONISTA IDEAL ES UN HUMANISTA"

Creció con las notas de Stockhausen y las líneas de Úrculo, Tàpies o Teixidor. Su instinto de coleccionista apareció a una edad muy temprana, cuando vio en la obra gráfica la playa soñada. Y no, no estaba debajo de los adoquines, sino en las vanguardias artísticas y en su ordenado caos. Guillermo de Osma (Bilbao,1953) siempre supo que desde el arte, otro mundo era posible. También otro lenguaje. Más universal. Rico. Policromático y original. El mismo con el que conoció la obra de Maruja Mallo, Joaquín Torres-García, Rafael Barradas, María Blanchard o Le Corbusier, para posteriormente difundirlo en su galería, ubicada en la calle Claudio Coello de Madrid. Arte contemporáneo al alcance de todos. Filosofía Only Premium.

Guillermo de Osma “El coleccionista ideal es un humanista” 02

GUILLERMO DE OSMA Y SERGIO ARJONA POSAN JUNTOS EN LA GALERÍA DEL COLECCIONISTA.

Only Premium: ¿Qué le pareció la edición de Arco 2018?
Guillermo de Osma: A mí me pareció estupenda, aunque también lo fue la anterior. Desde hace años llevamos viendo un muy buen ARCO, que ya ha encontrado su personalidad. El tono latinoamericano e hispano de ARCO me parece esencial. Estuve en el comité cuando se hizo el ARCO de América Latina y realmente fue excepcional. Fue una pena no haber seguido por ese camino, pero Carlos Urroz lo ha recuperado, y creo que es de felicitarse. Su labor es magnífica, porque ha hecho un ARCO posible y real. El mercado español es lo que es ARCO hoy. Es decir, galerías muy interesantes con un ARCO más joven, sin olvidarse de las vanguardias históricas, el origen de la modernidad.

O.P. Sus inicios se remontan a los años 80 en Nueva York, donde abrió su primera galería. ¿Siente nostalgia de aquella época?
G.O: Yo llego a Nueva York en el otoño del 80 y me voy en enero del 89. Fui para trabajar en Sotheby's, ya que había estado con ellos en Londres. Lo dejé, y me volvieron a llamar en el año 80 para desarrollar el mercado de América Latina, incluido Brasil. Es verdad que yo conocía muy mal, o mejor dicho, no había estado nunca en América Latina, y la verdad es que fue un maravilloso encuentro. El primer país al que viajé fue México, donde todo el mundo hablaba el mismo idioma que uno. Como siempre había tenido que hablar el idioma del otro, francés, inglés o el alemán, recuerdo ese momento con emoción. Me pareció maravillosa esa sensación de estar en casa de los “primos”.
Con Sotheby's estuve dos años. Yo no soy muy corporativo, sino bastante independiente, y fue en marzo del año 83 cuando abrimos una pequeña galería en la calle 76 en Nueva York. Ahí estuve hasta que me volví, a principios del 89.
Los 80 en Nueva York fueron bastante extraordinarios. Heredamos de la década anterior a Warhol o Studio 54. Es decir, toda esa parte de la farándula y la moda que en ese momento eran muy importantes, pero también la del mundo del arte y la música, que era extraordinaria.

O.P: ¿Cómo se estructuró esa primera galería que tuvo en Nueva York?
G.O: Era una cooperativa de marchantes en realidad. Casi todos veníamos de Sotheby's y teníamos ganas de hacer algo de una manera más independiente fuera del paraguas de la gran corporación. Por eso decidimos que cada uno aportara sus clientes. Éramos socios, compartíamos los gastos, pero no compartíamos necesariamente los beneficios. Había mucha transacción corporativa y colaborativa, y eso era muy bonito. Es un modelo que a mí me hubiera encantado haber trasladado aquí, pero creo que en el mundo latino, en el mundo nuestro, es muy complicado.

O.P: Y en 1991 inaugura esta galería...
G.O: Sí. Abrimos con la exposición de Torres García-Barradas, ambos uruguayos pero que habían trabajado en España, y fueron fundamentales para la vanguardia española. La línea de la galería ya estaba claramente marcada.

“Somos un espacio público al que se puede entrar sin pagar, no como muchos museos”

DEUX FEMMES AU COLLIER, 1929. LÁPIZ Y ACUARELA SOBRE PAPEL. FIRMADO. DISPONIBLE EN LA GALERÍA   GUILLERMO DE OSMA.

DEUX FEMMES AU COLLIER, 1929. LÁPIZ Y ACUARELA SOBRE PAPEL. FIRMADO. DISPONIBLE EN LA GALERÍA GUILLERMO DE OSMA.

O.P: En esa mudanza de Nueva York a Madrid, ¿notó diferencia entre los dos mercados, el español y el americano?
G.O: Muchísima. Primero porque el mercado español era fundamentalmente de coleccionistas españoles que coleccionaban arte español. Cuando llegué en el 89 había un ‘boom’ con precios altísimos para el arte español: la Escuela de París, la abstracción, la Escuela de Madrid, los realismos. Pero eso ha cambiado bastante. El mercado se ha abierto y se ha hecho más cosmopolita

O.P: ¿Cambió su percepción de galerista desde que estudió Historia del Arte hasta que ejerció como tal?
G.O: Sí, muchísimo. En la época en la que yo estudiaba en la universidad, los galeristas y anticuarios eran casi gente sospechosa, no había casi relación entre el mundo académico y el coleccionismo y el anticuariado. Me costó mucho dar el paso. Cuando Sotheby's me ofreció un trabajo en el año 76 dije que no, porque pensé que iba a volver al mundo académico que había idealizado. Y claro, lo que no había era ningún trabajo en el mundo académico. Al final acabé diciendo que sí, y la verdad es que no me arrepiento, porque me ha dado la libertad y la posibilidad de hacer la vida que a mí me gustaba.

O.P: ¿Y nunca se llegó a plantear volver al mundo académico?
G.O: Hombre, a veces sí que le da a uno pena no haber sido “director” del Reina o del Prado porque si estás en el mundo académico tu ideal es llegar ahí, hasta la cima, pero luego es un mundo muy burocrático con muchas rencillas, muy complicado.

O.P: ¿Cree que las galerías se siguen viendo como un espacio al que da miedo entrar?
G.O: Sí, un poquito. En la Asociación ArteMadrid, que tiene unos cuantos años y la formamos unas 50 galerías, hemos luchado mucho para quitar ese miedo y fomentar el coleccionismo. Siempre hemos trasladado el mensaje de que somos un espacio público al que se puede entrar sin pagar, que es gratuito, no como muchos museos. Y que también hay obra muy interesante y de calidad a precios muy asequibles. Cambiar los hábitos siempre es lento.
Somos espacios pequeños, pero hacemos muchas exposiciones. Yo hago cuatro o cinco al año, pero otras galerías hacen hasta diez.

“El coleccionista es un tipo de persona que quiere ver la obra, y mi experiencia es que es muy difícil vender algo en internet”

QUATRE FEMMES AUTOUR D’UNE TABLE, 1950. TINTA Y COLLAGE DE PAPELES DE COLORES SOBRE PAPEL.   FIRMADO. DISPONIBLE EN LA GALERÍA GUILLERMO DE OSMA.

QUATRE FEMMES AUTOUR D’UNE TABLE, 1950. TINTA Y COLLAGE DE PAPELES DE COLORES SOBRE PAPEL. FIRMADO. DISPONIBLE EN LA GALERÍA GUILLERMO DE OSMA.

O.P: Hablando de exposiciones. De todas las que ha organizado, ¿cuál es la que obtuvo mayor éxito?
G.O: La exposición más exitosa que hemos tenido fue la última de Maruja Mallo, en la que llegaron a pasar más de 5.000 personas. Al día teníamos entre 100 y 120 personas, algo inusitado en la galería.  Se agotó el catálogo y fue alucinante. Maruja es una artista fabulosa que tiene un tirón enorme.

O.P: ¿Y la que más satisfacción le ha dado?
G.O: La primera de Torres-García y Barradas, que fue una exposición muy importante. Era la primera vez que se exponía a Barradas en España después de su muerte, en el año 1929. Barradas era una persona fundamental para la vanguardia española. Murió muy joven y queda muy poco de su obra, pero es un artista fantástico.

O.P. Dado que ahora tiene la exposición de Le Corbusier en la galería, y como bien representa su figura, con esa unión entre arquitectura, diseño y arte, ¿considera que el arte y el mobiliario de autor tienen el mismo cliente final?
G.O: No necesariamente. Al que le gusta el diseño tiene una inclinación hacia el diseño, aunque a menudo pintura y diseño vayan juntos. El coleccionista ideal es un humanista. Un hombre culto, refinado al que le interesa el espacio donde cuelgan sus obras y con sensibilidad para combinar arquitectura, diseño y arte.

O.P: ¿Cómo afronta su galería la era digital?
G.O: Nosotros somos más bien unos “carcas”. El mundo del coleccionista es un mundo pequeño. Se trata de un tipo de persona que quiere ver la obra, y mi experiencia es que es muy difícil vender algo en internet. Cuando te contactan le mandas una buena foto o el estado de conservación de la obra. Pero al final hay que ver la obra en directo. Lo que nosotros siempre hacemos es un catálogo por exposición. En ellos se puede ver bastante bien qué tipo de obra tenemos o cuál hemos manejado. Lo que no tenemos es nuestro inventario en la red, porque en la red se manipula mucho y te pueden llegar a ofrecer –como ha sido el caso- cuadros que están colgados en la Galería.

“Para enfrentarse a un cuadro hay que ir muy abierto y respetar la creación, el artista y la obra”

ATHLÈTE, 1942. LÁPIZ, TINTA CHINA Y PASTEL LAVÉ SOBRE PAPEL. FIRMADO. DISPONIBLE EN LA GALERÍA   GUILLERMO DE OSMA.

ATHLÈTE, 1942. LÁPIZ, TINTA CHINA Y PASTEL LAVÉ SOBRE PAPEL. FIRMADO. DISPONIBLE EN LA GALERÍA GUILLERMO DE OSMA.

O.P: ¿Considera que la obra seriada es la mejor forma para entrar en el mundo del arte?
G.O: No necesariamente, aunque yo empecé por ahí. Desde muy jovencito tenía una afición enorme a las artes, a las letras y a la música. En mi caso empecé comprando obra gráfica. Me suscribí con un amigo a unas ediciones de grabados que hacían en unos talleres de Bilbao. Eran 12 grabados. Uno por mes, y había cosas estupendas de Úrculo, Mompó, Teixidor o Equipo Crónica. Luego descubrí el mundo del dibujo, donde los precios eran un poquito mayores, pero tampoco tanto. Así que cuando empecé a tener algo de dinero me pasé al dibujo.

O.P: ¿Es necesario ser culto para ser coleccionista?
G.O: No, qué va. Hombre, ayuda, como todo, pero enfrentarse a un cuadro es una cosa muy sencilla y directa. Hay mucha intuición y ese lado es muy importante. Hay que acercarse al arte de una manera libre, sin prejuicios.
El primer paso tiene que ser un paso muy natural. Hay que ir muy abierto y respetar la creación, el artista y la obra.

O.P: ¿Qué cualidades debe tener un buen artista?
G.O: Creo que el artista si debe conocer bastante bien las técnicas tradicionales del arte, y también las actuales, aunque luego no las use. Las técnicas actuales son elementos que sirven para crear, son útiles, herramientas de trabajo, como el compás. Picasso es un ejemplo de la fuerza que eso tenía. Construía y recomponía tantas veces porque era un maravilloso dibujante y conocía la estructura de la obra.

“El artista sí debe conocer bastante bien las técnicas tradicionales del arte, y también las actuales, aunque luego no las use”

LE CORBUSIER | PIERRE JEANNERET | CHARLOTTE PERRIAND FAUTEUIL, 1928.

LE CORBUSIER | PIERRE JEANNERET | CHARLOTTE PERRIAND FAUTEUIL, 1928.

O.P: ¿Qué debe reflejar el artista contemporáneo en su obra?
G.O: El artista contemporáneo tiene que reflejar su tiempo. Nuestro tiempo es caótico, confuso, entonces el arte de hoy también es bastante confuso o caótico y no es muy fácil meterse en él. Lo que les pasa a los artistas de hoy es que se han encontrado mucho hecho, y yo creo que hoy en día es difícil ser un artista contemporáneo. En el arte contemporáneo están todas las tendencias, ya no hay un sólo movimiento.

O.P: ¿Con qué ismo se identifica más?
G.O: Es difícil, yo diría con el mundo de la Vanguardia Histórica, porque se abren las puertas a mucha parte de la creación actual. Cuando ves las películas de Man Ray piensas muchas veces en los vídeos de hoy.

O.P: Tras haber conocido Only Premium, ¿cómo lo definiría?
G.O: Es un escenario interdisciplinar muy interesante. A mí lo que me interesa es llegar a gente más joven, a gente nueva, y eso es posible a través de vuestro portal.

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